Millie Small ocupa un lugar fundamental en la historia de la música jamaicana. Su voz aguda, luminosa y extraordinariamente característica ayudó a convertir el ska en un fenómeno internacional durante los años sesenta, mucho antes de que el reggae se convirtiera en uno de los sonidos más reconocibles de Jamaica. Para muchos oyentes fuera de la isla, el nombre de Millie Small quedó asociado para siempre a una canción: “My Boy Lollipop”, un enorme éxito que llevó el ritmo jamaicano a las listas de éxitos de Europa, Estados Unidos y otros países.
Pero reducir a Millie Small a un único éxito sería dejar fuera una parte importante de la historia. Detrás de aquella canción había una joven artista jamaicana que comenzó a grabar siendo todavía adolescente y que creció en uno de los momentos más importantes para la evolución de la música de Jamaica. Su carrera se desarrolló durante la transición entre el rhythm & blues jamaicano, el ska, el rocksteady y las primeras formas que acabarían desembocando en el reggae.
Millie Small nació en Clarendon, Jamaica, en 1946, y desde muy joven mostró una inclinación natural hacia la música. Su carrera comenzó en el entorno de los estudios y productores jamaicanos cuando todavía era una adolescente. Aquella escena estaba construyendo un sonido propio a partir de numerosas influencias procedentes del rhythm & blues estadounidense, el mento jamaicano, el jazz, el gospel y otras músicas populares.
El ska nació precisamente de esa mezcla. Sus guitarras sincopadas, las líneas de bajo, los metales y el característico ritmo desplazado crearon una música alegre y bailable que se convirtió rápidamente en una de las expresiones culturales más importantes de la Jamaica de los años sesenta.
Millie Small apareció en ese momento de transformación con una voz que se diferenciaba inmediatamente de la de otros artistas. Su interpretación tenía una energía juvenil y una especie de inocencia aparente, pero también una enorme precisión rítmica. Su manera de cantar encajaba perfectamente con la velocidad y el carácter saltarín del ska.
En 1964 llegó la canción que cambiaría definitivamente su carrera: “My Boy Lollipop”.
La canción no fue escrita originalmente por Millie Small. Era una composición de Robert Spencer y Johnny Roberts que había sido grabada anteriormente por la cantante estadounidense Barbie Gaye en 1956. Sin embargo, la versión de Millie transformó completamente la canción al introducirla en el universo del ska jamaicano.
La producción estuvo vinculada a Chris Blackwell, fundador de Island Records, una figura fundamental en la posterior expansión internacional de la música jamaicana. La canción fue grabada en Jamaica y posteriormente presentada al público internacional con un sonido diseñado para conservar su carácter jamaicano y, al mismo tiempo, resultar accesible para las audiencias pop de la época.
El resultado fue extraordinario.
“My Boy Lollipop” se convirtió en uno de los primeros grandes éxitos internacionales procedentes de Jamaica y alcanzó posiciones destacadas en las listas británicas y estadounidenses. Su éxito ayudó a demostrar que la música jamaicana podía salir de la isla y competir en el mercado internacional.
La importancia histórica de la canción va mucho más allá de sus cifras comerciales. “My Boy Lollipop” ayudó a introducir el ska en el imaginario popular internacional y abrió una puerta que posteriormente atravesarían numerosos artistas jamaicanos.
Para entender la importancia de Millie Small hay que situarla, por tanto, en un momento anterior a Bob Marley y al gran éxito internacional del reggae. Millie apareció cuando el sonido jamaicano todavía estaba buscando su identidad y ayudó a que aquella música encontrara un público mucho más amplio.
El éxito de Millie también refleja la enorme creatividad que existía en Jamaica durante los primeros años de la década de 1960.
Los estudios jamaicanos se habían convertido en auténticos laboratorios musicales. Productores, músicos y cantantes experimentaban constantemente con ritmos procedentes de Estados Unidos y los transformaban en algo diferente. El resultado fue una sucesión de estilos que evolucionaron a una velocidad extraordinaria.
El ska fue uno de los primeros grandes resultados de ese proceso.
Millie Small formó parte de esa primera generación de artistas que demostraron que la música jamaicana podía tener una identidad propia. Su presencia fue especialmente significativa porque se trataba de una mujer joven ocupando un espacio protagonista dentro de una escena musical dominada en gran medida por intérpretes masculinos.
Su voz, aparentemente frágil pero muy rítmica, funcionaba de una manera particularmente efectiva sobre los arreglos de ska. En sus grabaciones hay una combinación de pop, rhythm & blues, soul y música jamaicana que permite comprender perfectamente el momento de transición que estaba viviendo la isla.
My Boy Lollipop (1964)
My Boy Lollipop es el álbum que mejor representa el momento de explosión internacional de Millie Small.
Publicado en 1964, el disco gira alrededor del enorme éxito de la canción que le da título, pero resulta mucho más interesante cuando se escucha como un documento de la época. En él se encuentra una mezcla de ska, rhythm & blues, pop y canciones procedentes del repertorio popular estadounidense.
La interpretación de Millie transforma ese material mediante su particular manera de frasear. Su voz aporta una energía juvenil que encaja perfectamente con los ritmos sincopados de la música jamaicana.
El álbum permite escuchar cómo el ska podía funcionar no solamente como música instrumental o de baile, sino también como vehículo para una cantante pop con una personalidad vocal completamente reconocible.
La canción principal es “My Boy Lollipop”, naturalmente, el centro del álbum.
Su ritmo acelerado, la guitarra sincopada, la sección rítmica y la voz de Millie crean una grabación que todavía conserva una enorme frescura. La canción posee una estructura pop sencilla, pero la interpretación y el ritmo la convierten en una pieza fundamental de la historia del ska.
Su importancia también reside en su capacidad para conectar dos mundos: el de la música popular estadounidense y británica y el nuevo sonido jamaicano.
Escuchar My Boy Lollipop hoy permite apreciar la distancia que existe entre este ska temprano y el reggae que dominaría la escena internacional unos años después.
Aquí todavía encontramos una música mucho más rápida, saltarina y cercana al rhythm & blues. El bajo y la batería mantienen una fuerte sensación de movimiento, mientras que las guitarras y los metales aportan gran parte de la identidad del estilo.
Es una fotografía sonora de una Jamaica que estaba construyendo uno de los lenguajes musicales más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.
My Boy Lollipop (1964) playlist
Millie Sings Fats Domino (1965)
Un año después, Millie Small presentó Millie Sings Fats Domino, un álbum especialmente interesante porque muestra otra de las grandes influencias que alimentaron la música jamaicana: el rhythm & blues estadounidense.
Fats Domino fue una figura esencial del rhythm & blues y del rock and roll de Nueva Orleans. Sus canciones habían viajado por las emisoras de radio y los discos que llegaban al Caribe, convirtiéndose en una fuente de inspiración para numerosos músicos jamaicanos.
Que Millie dedicara un álbum a su repertorio resulta, por tanto, muy significativo.
No se trata simplemente de una colección de versiones. El disco permite observar cómo una cantante jamaicana interpreta canciones procedentes de una tradición musical estadounidense y las lleva hacia su propio terreno.




